¿Cómo está mi hogar? ¿Estoy realmente orgulloso de é? ¿Podría invitar a cualquiera de mis amig@s a mi casa sin avergonzarme, preocuparme, prevenirme? Estas preguntas no se refieren al orden externo, sino a la composición espiritual: en todo hogar debe haber paz, amor y alegría. Pero, por desgracia, abundan la pelea, el desamor, la tristeza. Esta oración quiere ser para tu casa una sesión íntima de fortalecimiento, reparación y purificación; sobre todo en cuanto a la contaminación que haya podido entrar desde fuera a través de actos y comportamientos. Sigue siendo verdad lo que nos dice el Evangelio: “No mates, no cometas adulterio, no robes, no presentes falso testimonio, honra a tu padre y a tu madre, y ama a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 19:18b-19), porque “si una casa está dividida contra sí misma, tal casa no puede permanecer” (Marcos 3:25).