“Dios es amor”, dice el Evangelio, y nosotros somos Hijos de este amor. Cada persona se va forjando en sus años de vida para amar y ser amada. Esto es lo que interesa al ser humano, nada más: el amor es el horizonte de mi existencia. Cuánto duele cuando me arrancan de este horizonte y vivo en el desamor… entonces necesito con mayor razón al Señor que “sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas” (Salmo 147:3). Él “está cercano a los quebrantados de corazón, y salva a los abatidos de espíritu” (Salmo 34:18). Ahora, la experiencia de la vida real nos muestra que muchos siguen apegados a las heridas del pasado y no las quieren soltar. Frente a esta situación, la Escritura me invita: “echa sobre el Señor tu carga, y él te sustentará” (Salmo 55:22). En esta oración el Padre Teodoro nos ayuda a sanar las heridas del desamor con el bálsamo del Amor divino.